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Actualidad

06/07/2012

Todo por aumentar el rendimiento

Los especialistas en fisiología y genética de soja y maíz recomiendan usar la información de campañas anteriores para diseñar la estrategia que permita reducir el riesgo del sistema.

La producción en grandes regiones ha experimentado significativas transformaciones en los últimos 20 años. “Hemos pasado de 15 millones de hectáreas sembradas a 30 millones en la actualidad. También se dio un aumento de la productividad acorde a la expansión de la superficie, y se introdujeron nuevas tecnologías, nuevos cultivos y diferentes manejos de las rotaciones”, explicó Emilio Satorre, docente de la Fauba durante la primer jornada de Mundo Soja Maíz.

El clima fue y seguirá siendo un factor de cambio en los procesos de producción”, precisó Satorre y apuntó que cuanto más se intensifican los sistemas de producción, mejor es el balance de carbono.

En la misma línea, Federico Bert (FAUBA-AACREA-Agroconsultas online) se refirió a cómo se puede usar la información climática disponible para planificar las campañas. La primera pregunta a responder es qué rinde se puede esperar de un cultivo en determinado ambiente. En esta tarea es conveniente intentar responder lo más acertadamente posible qué porcentaje de la variabilidad del rinde explica el clima.

Según un estudio estadístico que realizamos, este porcentaje significa un riesgo aproximado del 20 al 35%, en el caso de la soja. Pero no es el único factor que incide en la variabilidad y riesgo, sino que hay otros que actúan en conjunto”, indicó Bert, quien  mencionó tres patas para achicar el margen de riesgo. La primera es conocer la climatología de la región productiva, estableciendo el rango de variabilidad a partir de la información que brindan las series históricas, como herramienta para poner en perspectiva lo que ocurrió en las campañas anteriores.

La segunda pata es conocer con precisión las condiciones climáticas de los últimos meses. “Poder diagnosticar qué reserva de agua tengo en el suelo puede explicar alrededor de un 35% de la variabilidad”, señaló Bert. Pero aclaró que “partir de un suelo con poca agua expone al cultivo a una mayor variabilidad de rendimiento, pero arrancar con una buena reserva tampoco explica todo el rendimiento”.

La tercera pata son los pronósticos, que permiten conocer las fases de los procesos climáticos, como el fenómeno del Niño, pudiendo anticipar qué se puede esperar en cada fase de este proceso.Tenemos que apostar a manejos adaptativos de acuerdo a las diferentes fases del Niño, pero no diseñar sistemas productivos pensando sólo en los fenómenos Niño o Niña”, recomendó el experto.

Como conclusión, sostuvo que “el clima es un componente muy importante en la definición del rinde, pero hay otros conocibles y/o manejables, que se pueden ajustar para minimizar el riesgo”

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