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Agricultura

06/08/2019

Almacenar carbono en los suelos

Desde el INTA destacan las ventajas competitivas de la Argentina en materia de agricultura de conservación y dan pautas para profundizarla.
Frente a una demanda de producciones resilientes, bajas en emisiones y trazables, la captura y almacenaje de carbono se vuelve un elemento de negociación global.

En la última década, numerosas investigaciones alertan sobre impacto del cambio climático en materia de seguridad alimentaria y, en este sentido, los especialistas ponderan el rol de la agricultura a fin de mitigar el daño. Desde el INTA destacan la importancia de captar y almacenar carbono en los suelos, lo que consideran se volverá un elemento de negociación global en un futuro cercano. Un adelanto de lo se expondrá en la 30.° Congreso Aapresid que se realizará del 7 a 9 de agosto en el Centro de Convenciones Metropolitano, Rosario.

Para Miguel Taboada, director del Instituto de Investigación Suelos del INTA Castelar, captar carbono atmosférico para almacenarlo en los suelos de uso agropecuario «es una oportunidad que se abre al futuro, con una interesante proyección para el mundo de la agronomía”. En este sentido, reconoció que “el carbono cobró una importancia que va más allá de su rol clave en la materia orgánica de los suelos y su fertilidad” y, en esta línea, lo consideró una llave maestra para hacer una agricultura climáticamente resiliente, elemento que podemos defender ante los mercados mundiales.

“El mundo demanda que la producción agropecuaria sea climáticamente resiliente, baja en emisiones de carbono y trazable en cuanto a los métodos de producción”, explicó Taboada. En este contexto, la captación y almacenaje de carbono se vuelve una moneda de cambio en las negociaciones mundiales por productos agropecuarios. “Es una oportunidad interesante que puede volverse, incluso, un negocio rentable para el país”, aseguró.

Es que, con el más mínimo incremento del almacenamiento de carbono en los suelos de uso agropecuario –mediante la inclusión de pasturas, pastizales y bosques– se logra un impacto considerable en la mejora de la fertilidad de los suelos y la producción agrícola. Además, se contribuye a limitar el aumento de la temperatura del planeta a +1,5-2° C, un máximo que no debería alcanzarse para evitar consecuencias de magnitud demasiado significativas.

Para propiciar la mejora del contenido de materia orgánica y la captura de carbono en los suelos, el investigador destacó la importancia de “considerar prácticas agrícolas adaptadas a las condiciones locales, ambientales, sociales y económicas, como las que propone el manejo agroecológico, la agro-silvo-pastoril, la agricultura de conservación y la gestión del paisaje”. 

En este sentido, no dudó en asegurar que “la Argentina se posiciona muy favorablemente con respecto a otros países a partir del gran avance que tiene en cuestiones de agricultura de conservación, como la siembra directa”. De todos modos, reconoció que nuestro país debe “cambiar su política de suelos hacia un mayor compromiso con el monitoreo del recurso y la preocupación con el uso y manejo sustentable basado en mejorar la biodiversidad y minimizar el uso de agroquímicos”.

Para el investigador, “los suelos agrícolas tienen un rol central como base de la seguridad alimentaria y preocupa la situación de riesgo existente por el avance de la degradación de los suelos a nivel global”. En este sentido, consideró “una oportunidad” que la Argentina se haya suscripto a la “Iniciativa 4 x 1000” propuesta por Francia, en la que destacan la necesidad de mantener y/o recuperar niveles de carbono almacenado en los suelos como forma de mejorar su fertilidad y la resiliencia frente al cambio climático, así como en la mitigación en la emisión de gases con efecto invernadero.

Esta iniciativa propone lograr un índice de crecimiento anual de 4 % en las reservas de carbono de los suelos, al tiempo que se detiene el incremento de la concentración de CO2 en la atmósfera.

“Desde el INTA impulsamos tres iniciativas acordes con la Iniciativa, que son el Sistema Nacional de Información de Suelos (SisINTA), la Red Nacional de Información Agropecuaria (RIAN) y la plataforma de acceso GeoINTA”, explicó Taboada quien reconoció la necesidad de que el organismo fortalezca sus sistemas de monitoreo y la investigación de mecanismos de secuestro de carbono a nivel regional.

 

Fuente: INTA

 

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