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Agricultura

25/05/2018

El viaje de 1 millón de KM

Federico Vartorelli de Monsanto reivindica el trabajo colaborativo de la investigación en germoplasma. Asegura que una semilla viaja un millón de km antes de venderse. La demanda está centrada en cómo producir más alimentos y fibras alimentarias.
Semillas. La ciencia de los datos aplicada permite conocer en detalle cada característica de un lote, con lo cual se puede optimizar el uso de los recursos y maximizar los rendimientos.

“La demanda hoy está centrada en cómo producir más alimentos, fibras alimentarias para los animales y combustibles, pero sobre todo está en cómo hacerlo de forma más sustentable con menos recursos”, explicó Federico Vartorelli, director de investigacion para América del Sur de Monsanto, en una recorrida por Fontzuela, el centro neurálgico del mejoramiento vegetal de la firma en la Argentina. En palabras de Vartorelli, “el productor necesita crecer en su actividad y necesita proteger esa producción, por eso el compromiso de la compañía es invertir en investigación y desarrollo el 10% de las ventas globales”. 

Hablamos de la friolera de 1500 millones de dólares que sostienen el trabajo de 4100 empleados en 49 países. “Monsanto es líder en la frontera de la ciencia, lidera el cambio en las tecnologías, por eso hacemos investigación en el lugar en que estamos porque es donde podemos ver qué necesita el productor en su región y lo ayudamos a proteger esa produccción”, agregó.

La investigación de la multinacional tiene un foco regional fuerte y en la actualidad sostiene un grupo de 360 personas en Sudamérica en planta permanente, aunque llega a casi mil con el personal contratado. “En unas 600 localidades de Sudamérica llevamos adelante ensayos”, agregó Vartorelli al tiempo que reinvidicó que “un hibrido antes de ser lanzado al mercado viajó mas de un millón de kilómetros para ser testeado en distintos ambientes y condiciones. Es un trabajo mucho más colaborativo del que hacía la industria unos años atrás”, indicó.

Para el investigador, en los últimos 5 años se ha producido una mayor incorporación de tecnología que en los años previos. “Adquirir germoplasma en los ‘90 nos permitió contar con material genético para trabajar. En esos años se comenzó a hablar del uso de marcadores moleculares y en cómo ayuda esa información a potenciar la toma de decisiones. Comenzaba también a aplicarse biotecnología, por eso el cambio fue sobre todo cualitativo”, agregó y reivindicó el paso de tecnologías de investigación descriptivas a unas más predictivas.

CASO MAÍZ. El maíz lleva más de 6500 años de domesticación, pero para Monsanto sigue siendo un cultivo emblemático en el que pone mucho en juego en sus programas de mejoramiento. “Tener una nursery global ayuda con el breeding”, indica Vertorelli para quien las necesidades a campo son lo que le quita el sueño, así como liderar los lanzamientos. “Anticiparse a las problemáticas de los productores es nuestro desevelo desde la investigación”, y para eso vale sólo tener en cuenta que los investigadores de Fontezuela trabajan con materiales que verán la fase comercial recién en 6 años. “Una obsesión del equipo de investigación es no ser seguidores de tecnología sino pioneros”, se enorgullece. El trabajo detrás de cada nueva semilla de maíz es tan intenso que pueden transcurrir entre 8 y diez años hasta salir a la fase comercial. Y durante ese lapso recorrre aproximadamente un millón de kilómetros. “Los investigadores cada vez que arrancan un proyecto deben imaginar como será la agricultura en 15 años”, indica. Para tener una idea, basta con pensar que hoy, más del 60% del maíz que se siembra en la Argentina se implanta en el oeste del país, en suelos mucho más arenosos. Y eso es posible gracias al mejoramiento genético.

“Los cambios de los últimos 5 años son mucho más importantes que todos los anteriores”, agrega Vartorelli. “En Monsanto, sólo con el chipeado de semillas -a partir del cual se obtiene una pequeña muestra de cada semilla y se la conoce en su totalidad sin desperdiciarla-, nos permite tomar mejores decisiones a campo. Nos expande esa capacidad y también la de ser más precisos”, argumentó al referirse al seed chiping. “Manejamos 540 millones de datos para tomar decisiones. Y esta capacidad de hacerlo en forma masiva es posible gracias a la robotizacion y al big data. Para que tengan una idea, en el 2017 se colectaron más datos que en los que se había recolectado en los últimos 10”.

PREDICTIVO A PRESCRIPTIVO. Ahora los modelos agrícolas buscan enfocarse en el proceso prescriptivo, tal como funciona “Prescripciones” de Dekalb. “Ya no sólo proveer información para mejorar sino cómo esa información me ayuda a tomar decisiones a campo”, dice Vartorelli. “Para eso nos apalancamos en la inteligencia artificial pero no dejamos el criterio del investigadores. Estamos hablando de 540 millones de datos online. Ya los algoritmos son los modelos antiguos. Lo que cambió es la cantidad de datos que se pueden generar y la matemática pensada para eso. Los mejoradores pueden seleccionar genotipos con mayor precisión, velocidad, escala y calidad de ensayos. Y aquí la robotizacion, el internet de las cosas y su digitalización apura los tiempos para tomar decisiones. Son sistemas avanzados de imagenes que proveen nuevos datos para cada plot y planta”, dijo.

Como diversidad implica creatividad, para Vartorelli parte de la innovación tiene que ver con la diversidad de personas. Argentina
tiene a una agricultura de mayor rendimiento por uso de insumos y también más sustentable. “En maíz trabajamos en mejoramiento con nuevas combinaciones de resistencia a insectos, mientras que en soja no estamos viendo un sistema consolidado de pago por la tecnología en en el país. Por ahora nos enfocamos en Intacta. Por su parte en Brasil están más cerca de acceder a una soja Round Ready Xtend más Intacta”, adelantó. Finalmente indicó que “la inversión en mejoramiento sigue mundialmente la rentabilidad de los negocios. El cultivo con mayor trabajo de mejoramiento en el mundo es el maíz. Por eso Monsanto amplía su programa de mejoramiento con inversiones de 73 millones de pesos en Fonezuela y de 130 millones en su planta de Rojas”, cerró.

La más grande del mundo. La planta de semillas que Monsanto tiene en las inmediaciones de Rojas y que todos conocen como María Eugenia, es la más grande de semillas de maíz del mundo. Recorrerla implica quedar peplejos frente a la imponencia de un lugar por el que transita mucha gente. Trabajan con el eje en la sustentabilidad no sólo ambiental, sino también desde lo social y lo económico. Dado que Monsanto es signatario de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la FAO tiene suscripto un Compromiso 2021 de carbono neutro para la reducción de impacto ambiental. Daniel Agustini, responsable de Producción de Semillas recordó que la planta arrancó en 1994 arrancó con dekalb y en 2008 creció exponencialmente. “Es la operación más avanzada de Monsanto en el mundo en procesamiento de maíz. Mantiene 150 empleados full time y 280 por Uatre y otros 500 adicionales. A campo son 2500 trabajadores y 935 trabajadores de planta”, recordó.

Por María Lorena Rodríguez para Super CAMPO.

Semillas. La ciencia de los datos aplicada permite conocer en detalle cada característica de un lote, con lo cual se puede optimizar el uso de los recursos y maximizar los rendimientos.
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