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Fruticultura

31/05/2012

El baby kiwi que se come de un solo bocado

El baby kiwi concentra sabor y atributos del kiwi convencional. Hoy protagoniza el segmento de los cultivos alternativos. Galería de fotos.

Recorrer un cultivo de baby kiwi es similar a internarse en un viñedo. Los racimos de pequeñas bayas relucen verdes, los más maduros se tornan apenas morados. La diferencia obvia con los kiwis convencionales es el tamaño, pero lo más notorio y conveniente para su consumo es la piel, suave y tierna. Además son pulposos, dulces y las semillas apenas se perciben en la boca. Se trata de un fruto que concentra todas las propiedades y atributos del kiwi en un envase más pequeño.

El baby kiwi, kiwi Berry o kiwiño seduce por su originalidad y potenciales buenos precios, pero enfrenta el enorme desafío de construir un mercado. Ese es el camino que transita  Alejandro Casado Achával, propietario del establecimiento Santa Clara en Mercedes, Buenos Aires. Para José Luis Sarza, asesor técnico del establecimiento, este año sirvió para ajustar algunas variables técnicas y tenerlas definidas para encarar la próxima campaña. “Fue un año positivo, a pesar de la sequía, principalmente por tres motivos: pudimos abrir mercados, ajustamos las técnicas en el manejo del cultivo y también pudimos concentrar la cosecha en una sola pasada”, afirmó Sarza.

En este campo mercedino, se plantó una franja de media hectárea con unas 500 plantas, que cuando alcancen su madurez productiva darán unos 16 kilos en promedio de fruta, o sea 16 mil kilos por hectárea, pudiendo variar según la zona. Sarza aclaró que al segundo
año ya se pueden probar algunos frutos, aunque no produce a escala comercial hasta el tercer año. Luego la producción va aumentando progresivamente hasta el sexto año, cuando se estabiliza.

CAMINO AL ANDAR. El punto de partida para este productor es aprovechar los años mientras las plantas crecen para ajustar cuestiones del manejo, de la cosecha y  poscosecha, generando conocimiento valioso para quienes apuesten al cultivo de ahora
en adelante. Sarza contó que “las plantas se trajeron de Nueva Zelanda, donde el baby kiwi tiene más trayectoria, aunque son los países de alto poder adquisitivo, como los europeos y Estados Unidos, los que tienen mercados más desarrollados para la fruta”.
Se trata de una variedad en sí misma (Actinidia Arguta), es decir que no es un kiwi modificado, sino una selección de las variedades que ya existían.

La implantación se realiza en hileras de 3 por 3 (esquema tresbolillo) poniendo un máximo  de 10-12% de las plantas machos para lograr una buena polinización. Para este sistema, la estructura necesaria se compone de postes con un alambre que recorre toda la línea al ras del suelo y otro por encima a 1,80-2 metros de altura. A su vez, a cada planta se le coloca un hilo perpendicular a estos alambres por donde se la va  conduciendo. De esta manera va trepando primero a lo alto y una vez que llega a la parte superior se extiende por los alambres superiores formando un techo. Es una estructura de parral como la que se usa tradicionalmente para el cultivo de vid.

“Las plantas son jóvenes y todavía no llegan a cubrir todo el ‘techo’ del parral, cuando
se vaya tupiendo en la parte superior, tendremos mayores expectativas de rendimiento”,
anticipó Sarza. Hasta el tercer año, cuando la planta aun no se cierra arriba, entre cada
línea de baby kiwi es posible hacer otro cultivo. Sarza señaló que “mientras llegue
suficiente luz se puede optimizar el espacio”. Al respecto detalló que “el primer año el objetivo es que la planta trepe por el hilo conductor hasta llegar al alambre superior; el segundo que comience a expandirse; y el tercero que empiece a sombrear”. Y destacó
que “este es nuestro tercer año de plantado y cosechamos un equivalente a 1.800 kilos por hectárea, pero estamos a otros tres de llegar a la madurez productiva de las plantas”.

Cuando la planta desarrolla sus ramas y cierra la parte superior del parral, toda la luz la
aprovecha el kiwi. Esa mayor superficie, dada por el mayor tamaño de planta redunda en
mayor producción de fruta. En su sanidad, la planta es muy estable pero conviene evitar condiciones propicias para la aparición de fitóftora (hongo de suelo). Por eso se planta sobre lomos considerando todas las pendientes que permitan el escurrimiento del agua, para que no se formen encharcamientos en la zona de las raíces.

Por el lado de las plagas, Sarza advirtió que “los ataques de aves, especialmente
la cotorra, son un tema a monitorear porque en los arándanos, por ejemplo, hicieron estragos”. Si bien es un cultivo que se irriga, este año la sequía afectó el desarrollo de las plantas y no alcanzaron a sombrear lo esperado. En este sentido, el asesor indicó que “se puede implementar una malla superior que evite la excesiva evapotranspiración de las plantas. Es un costo adicional  que ronda los 10 mil dólares la hectárea pero protege al cultivo del sol, el viento, el granizo y eventualmente las aves si se lo cierra en los  extremos”.

El riego puede ser por goteo o por aspersión: “Nosotros tenemos una sola línea, pero la idea es llevarla a dos para cubrir bien todas las raíces, que se extienden más allá del lomo”, detalló Sarza. El riego debe atender la demanda de la planta según la época del
año. En invierno es casi innecesario, mientras que en verano puede hacer falta dos
veces al día.

SENCILLO Y BARATO. “Es un cultivo ‘gasolero’ para su mantenimiento”, sostuvo Sarza.
Implica una inversión fuerte de arranque en las plantas y la estructura, pero después no
supone grandes desembolsos. Las tareas anuales consisten en cortar el pasto en las calles, aplicación de herbicida en el lomo y una poda luego de que la planta pierde la hoja,
antes del invierno. Según el asesor, “en un cultivo con la estructura armada, una persona puede realizar los mantenimientos anuales en 4 a 5 hectáreas tranquilamente”.

Por otro lado, Sarza señaló que, si bien en Santa Clara realizan una aplicación de herbicidas, la maleza se puede combatir colocando mulch en el lomo (cobertura de nylon  negro), lo que también ayuda a preservar la humedad, pudiendo hacerse un cultivo  orgánico de manera muy fácil. El baby kiwi se cosecha un poco antes que el kiwi común, pero en general tiene un manejo muy similar, la mayor diferencia hoy es el costo de las plantas, ya que las de la variedad baby son más costosas. Sin embargo, el precio por el  kilo de fruta al productor es casi cuatro veces mejor.

El valor de las plantas ronda los 7 dólares, o sea 7 mil dólares por hectárea implantada,
mientras que la estructura (postes de madera, alambres, tensores y riego por goteo) y
las labores del armado implican otros 10 mil dólares.

La cosecha es sencilla y se realiza fruto por fruto, al igual que otras frutas finas, por lo que requiere de una correcta manipulación. El fruto refrigerado tiene una duración de 20 días aproximadamente, un aspecto comprobado en la reciente cosecha, ya que regulando la temperatura con una alta humedad relativa, el fruto conservó su firmeza sin desarrollar hongos. “Vimos que la piel se arrugaba y la fruta perdía textura cuando la humedad era insuficiente, así que probamos aumentándola con buenos resultados”, sostuvo el viverista.

DESARROLLAR MERCADOS. La fruta se comercializa fraccionada en clamshells plásticos de entre 170-200 gramos, envases en los que también se pueden ver los arándanos en las verdulerías y góndolas, siendo el más apropiado para la venta de la fruta porque contribuye a preservar su calidad. El costo para el consumidor ronda los $30 el kilo. “Chile nos lleva la delantera y vende el baby kiwi a un precio de exportación que ronda  los 7 dólares el kilo, cifra que tomamos como referencia”, reveló Sarza. Y agregó
que “nuestro mercado ideal es Europa”. El mercado europeo tiene un valor más alto y allí Chile no compite con Argentina. A ello se suma que las exportaciones nacionales entrarían antes que las chilenas y en contra estación de las americanas. “Este año conseguimos enviar una muestra a Holanda, como paso previo para coordinar un envío interesante la próxima campaña”, comentó Sarza. Y añadió que “a su vez vendimos fruta al Mercado Central de Buenos Aires, es decir que nos introdujimos en el mercado externo y comenzamos a transitar el mercado interno”. Esta experiencia comercial tuvo un  balance positivo. Dado que es el tercer año de cultivo en Santa Clara, las perspectivas son alentadoras. Queda por delante mucho trabajo de difusión para que se conozca en todo el país el potencial del nuevo berry verde.

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6 pensamientos en “El baby kiwi que se come de un solo bocado”

  1. HOLA, SOY EL GERENTE DE UNA PRODUCTORA Y COMERCIALIZADORA DE BERRYS EN ESPAÑA.( FRESGARRIDO), CONCRETAMENTE EN HUELVA, DONDE ESTA LAS MAYORES EXPLOTACIONES DE BERRYS DE EUROPA.
    ME LLAMO JOSE ANTONIO GARRIDO, ME GUSTARIA PONERME EN CONTACTO CON EL INGENIERO TECNICO JOSE LUIS SARZA. MI NUMERO DE TELEFONO ES. 0034635538184… GRACIAS…

  2. me gustaria saber mas sobre como poder llegar a obtenerlos porque soy productora de dulces y ya hace algunos años que estaba envasando kiwis en almibar,pequeños porque eran de plantas abandonadas,sin agua ni poda,claro tenia que pelarlos.estos serian ideales si se come la piel.soy integrante de camara de microemprendedores de General Belgrano

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