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Actualidad

07/05/2020

INTA desarrolla anticuerpos con sangre de llama

Un equipo de investigadores está trabajando en el desarrollo de nanoanticuerpos derivados de estos camélidos.

Investigadores del INTA, el Instituto de Ciencia y Tecnología “Dr. Cesar Milstein” de la UBA y del Instituto Nacional para la Salud (NIH) –de los Estados Unidos– están abocados en la obtención de nanoanticuerpos monoclonales recombinantes derivados de llamas para el diagnóstico y el tratamiento preventivo y terapéutico de la enfermedad causada por el coronavirus (SARS CoV-2).

Esta es una de las iniciativas –seleccionadas por una comisión Ad Hoc– que será financiada por la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación.

“Trabajamos sin descanso para aportar un granito de arena que ayude a salvar la vida de las personas”, afirmó Viviana Parreño, responsable del Laboratorio de Virus Gastroentéricos del Instituto de Virología y coordinadora científica de INCUINTA del INTA, quien desde hace 13 años se dedica al estudio de los virus que causan la diarrea neonatal en diferentes especies de animales y en el desarrollo de nanoanticuerpos monoclonales recombinantes derivados de llamas, también conocidos como nanobodies.

El descubrimiento de los nanoanticuerpos de llama capaces de neutralizar diferentes variantes del rotavirus, le permitió a Parreño y a su equipo ganar el primer premio en el 1.° Concurso de Inventos Patentados del Prosur.

Más tarde desarrollaron nanobodies contra Norovirus –el principal agente causal de diarrea en humanos de todas las edades, asociada al consumo de alimentos y agua contaminados–. “Ahora estábamos enfocados en VHH para influenza H1N1 pandémica y para rabia, cuando nos sorprendió la pandemia de COVID-19 y decidimos poner manos a la obra para avanzar contra este nuevo agente”, afirmó Parreño.

La investigadora, junto a su colega Marina Bok, le comentó en exclusiva a Super Campoque “todavía falta hacer hacer ensayos clínicos y estudiar qué tipo de presentación y administración es la más segura. Nosotros estamos pensando que podría ser en la misma presentación como líquido para incluirlo en una nebulización. No es una vacuna sino un tratamiento pasivo, para usar antes de la exposición al virus o en la persona que ya está infectada, en varias tomas consecutivas”. 

En cuanto a los pasos a seguir, Parreño señaló que “los tiempos de desarrollo son los mismos que para cualquier vacuna o droga que se aplica en humano, pero en esta época de pandemia podrían acortarse. El proyecto nos pide resultados cada dos meses, a los seis meses un hito importante y a los doce meses la molécula ‘lista para usar’. Es decir que en un año puede salir del laboratorio para que el grupo epidemiológico decida si se prueba en humanos o no”. 

Para producir los nanoanticuerpos se inmuniza una llama y, cuando alcanza su máxima defensa contra el agente infeccioso, se le extrae sangre, se seleccionan los linfocitos circulantes y de allí el ARN –ácido ribonucleico– mensajero, que contiene los anticuerpos que elabora el camélido. Con el material se arma una biblioteca de genes que se emplea para seleccionar los VHH que están dirigidos contra la proteína o antígeno de interés.

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