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Economía y mercados

11/04/2019

Medio Ambiente: el clima y las lecheras

La lechería actual en el país enfrenta una encrucijada en la que convergen muchas variables. Es necesario que cada planteo busque su mejor versión.
Las malas políticas generales y la falta de políticas lecheras, han creado sistemas de producción vulnerables.

Los factores climáticos que afectaron siempre a las vacas lecheras y al personal de los tambos, no fueron suficientes para que las estructuras de caminos, accesos, corrales, etcétera fueran radicalmente modificadas. Las lluvias pasan y los caminos se secan, el calor tiene fin en el otoño y las vacas siempre fueron animales sueltos, que vivieron a la intemperie, y muy raramente se perdía algún animal por culpa del barro o por un “golpe de calor”, hasta hace no más de dos décadas.

Simultáneamente, los productores trabajaban con entusiasmo en el mejoramiento genético de sus animales. Primero comprando toros de cabañas con buenos antecedentes de pedigrí, después la inseminación artificial con semen congelado, a través de la cual era posible utilizar los mejores toros en miles de vientres. Pronto aprendieron los productores a leer catálogos y publicaciones de pruebas de progenie. Las compañías de genética invitaban (e invitan) a productores argentinos a visitar lecherías en EE.UU. Los asombrados “farmers” de nuestro país veían vacas perfectas, de cuyos padres se podían proveer de semen congelado acá, en la Argentina. Algo semejante sucedió con el semen canadiense.

Créase o no, muchos de esos lindísimos animales estaban “flojos de papeles”. No por la falsedad de la información que presentaban, sino por la pobreza misma de esa información. Hoy el conocimiento del genoma bovino y la genómica ofrecen más información, valiosa, que permite elegir para mejorar. Sin embargo, están apareciendo fundadas dudas acerca de qué y hasta cuánto “mejorar”, y todo depende hacia dónde se dirija el avance genético.

La inseminación, la calificación por tipo desde las asociaciones de criadores, el control lechero oficial y las pruebas de progenie fueron
suficientes para que en pocos años se llegara a un rodeo lechero global de vacas de muy buena conformación, pero también de gran tamaño, sobre todo teniendo en cuenta que la raza más difundida entre las lecheras es la Holstein (Holando Argentino en nuestro país) y con cada vez más altas producciones individuales de leche. También crecían los rodeos. Entonces fue cuando el barro y el calor empezaron a mostrar sus consecuencias económicas negativas. Ya no se caía un litro en las producciones individuales de 20 litros diarios, sino que se caían 4 litros en las producciones que superaban los 30, pero además aumentaba año a año la mortandad de animales adultos, la cantidad de vacas rengas y los costos de tratamientos, las mastitis con todas sus consecuencias económicas y los descartes.

Las nuevas tecnologías y situaciones económicas llevaron a los tambos a aumentar cada vez más el número de vacas, muchas veces sin acompañar ese crecimiento con cambios acordes en las instalaciones de ordeño, caminos, etc. La simultaneidad de varios
factores casi siempre deja de ser una suma y se convierte en una multiplicación con resultados catastróficos: más vacas con más largos turnos de ordeño, más tratamientos, más apartes y muchas veces la misma gente, las mismas precarias casas y retribuciones no acordes con las tareas, hicieron que aumentara sensiblemente el recambio del personal, haciéndose muy difícil llevar adelante con éxito las tecnologías que requieren vacas de alta producción y gran tamaño. Como si esto fuera poco, llegó el cambio climático, que implica un cambio progresivo de la temperatura global y viene con fenómenos extremos, como sequías e inundaciones.

LAS VACAS PIDEN MÁS. Hoy, nos encontramos con vacas poco adaptadas para la mayoría de nuestros suelos, climas y estructuras instaladas. Por eso hay quienes presupuestan e instalan galpones para pasar del campo a sistemas de “free-stall”, o tinglados para proyectos de “cama caliente” o “compost”, mientras que otros buscan volcarse a sistemas más pastoriles con vacas de menor tamaño, aun con una menor producción individual de leche, con menores costos de suplementación (no siempre) y buscando una mejor salud y mayor longevidad. Este sistema requiere escala, y superficie de pasturas, y es en estos casos donde se hace cada vez más intensa la competencia con la agricultura.

Las malas políticas generales y la falta de políticas lecheras, han creado sistemas de producción vulnerables. Hace poco se argumentó que las necesidades de granos para los biocombustibles haría inviable la suplementación con maíz de las grandes productoras y, muchos iniciaron cruzamientos con la raza Jersey y hasta triples y cuádruples cruzas con otras razas como la Roja y Blanca Sueca. Grandes rodeos de vacas sanas y longevas, con producciones individuales moderadas, comenzaron a verse en distintas zonas del país.

Muchos pretenden continuar con sistemas pastoriles y grandes vacas de altas producciones sin acompañar la decisión con inversiones y asesoramiento. Se entiende que en zonas de altas lluvias se insista en tener a las vacas encerradas a cielo abierto sobre corrales de tierra. Los “dry-lots” terminan sin serlo y las pérdidas económicas por falta de bienestar son muy evidentes como para  insistir. Si se desea dedicar más hectáreas a la agricultura, habrá que repensar el tambo.

EL CAMBIO CLIMÁTICO. Es una realidad que ya no se debería negar, aunque uno fuera el Presidente de Estados Unidos. También son reales los resultados de las encuestas hechas al personal de los tambos, que dicen que las peores cosas que tiene su trabajo son el barro y el calor, a las que agregan los horarios de ordeño (algo que, poco a poco, se va modificando).

Las inundaciones y las olas de calor han decidido a muchos a encerrar a las vacas bajo techo y, algunos se embalaron hasta los “free-stall” con camas individuales y ordeño robotizado, estructuras típicas del norte de Europa o de los Estados Unidos, con bajísimas temperaturas invernales y precios de la leche mucho más altos (salvo muy cortas temporadas) que los precios que se pagan en nuestro país. Sin embargo, la decisión de encerrar no es mala para las vacas y el robot ayuda mucho en la gestión de manejo, claro que las inversiones son altas si se toman en cuenta las tasas de interés de los créditos disponibles en la Argentina.

MANEJO. No hay recetas, aunque sí algunas indicaciones útiles. Siempre recordar que cualquier vaca lechera necesita:

-Más de 450 minutos diarios de rumia
-No menos de 12-14 horas de estar echadas en sistemas de encierro con TMR, o bien de 8 horas en pastoreo
-Temperatura de confort que puede ser menor a 20º C en situaciones de alta humedad relativa ambiente.
-Lugares de estadía con pisos cómodos y no traumáticos (blandos pero sin barro).
-Caminos y accesos a las instalaciones transitables.
-Corrales con superficie suficiente para los encierres permanentes y ensenadas alternativas para el manejo en días de lluvia y barro.

Quizás el compost (cama caliente) bien manejado, bajo tinglado y respetando temperatura, humedad y superficie por vaca, ofrezca el mejor confort en sistemas en confinamiento. Quizás la carga adecuada con excelente manejo del pasto, con mediciones permanentes de producción y materia seca, con cortes de excedentes para reservas y sombras estratégicamente colocadas y, también, de suficiente superficie, sean los sistemas elegidos para vacas de no mucho tamaño y producciones de leche “moderadas”
si se las compara con las obtenidas en sistemas de encierre con manejo muy fino de las dietas y tres ordeños diarios. Hay, una conclusión indiscutible: las cosas, cuando se hacen bien, salen bien. Gustos, posibilidades económicas, escala, conciencia de equipo,
integración del personal a la búsqueda de objetivos, capacitación, zona geográfica, pluviometría, calidad del campo y otras muchas variables orientarán a distintos sistemas de producción mientras no haya en la Argentina una orientación clara hacia dónde debe dirigirse el sector lechero, si es que habrá un solo “sector lechero” en nuestro país.

Por Mario H. Sirvén (médico veterinario) para Super CAMPO.

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