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Actualidad

22/08/2018

Soluciones al Problema del IVA

La cadena porcina ha experimentado un crecimiento de producción importante en los últimos años. Hoy existe un problema con el Impuesto al Valor Agregado que desalienta las nuevas inversiones.
La actividad porcina está fuertemente atomizada. Los establecimientos con más de 2.000 animales representan el 11% del total, pero participan del 79% de la faena nacional.

La balanza comercial porcina argentina resultó fuertemente deficitaria en el 2017. Esto es así porque las exportaciones de carne de cerdo y sus derivados se aproximaron a los 15 millones de USD (MUSD) mientras que las importaciones sobrepasaron los 118 M USD, según datos del INDEC.

Comparándonos con el resto del mundo, el país se ubicó en 2016 en el puesto N°54 del ranking mundial de exportadores de productos porcinos, con una muy baja participación del 0.002% del comercio global mientras que, por ejemplo, Brasil y Chile representaron cerca del 5 y 2% respectivamente. Si se observan las importaciones de cerdo de Argentina, un 85% proviene del vecino país del Brasil. Gran parte de estos envíos es carne congelada de cerdo sin deshuesar.

La producción argentina en toneladas equivalentes res, fue 566.276 en el 2017, mostrando un incremento interanual mayor al 8%. La actividad cuenta con numerosas ventajas, como son la disponibilidad de maíz y soja, que conforman la base de la alimentación y el principal costo de producción, el clima favorable, la falta de amenazas sanitarias y la escala productiva necesaria que favorece su desarrollo a nivel regional. Asumiendo que un 60% de la dieta de los cerdos en Argentina contiene maíz, en el año 2017 el consumo de maíz por parte del sector porcino habría alcanzado 1,25 millón de toneladas.

La producción de carne de cerdo se destina, en su gran mayoría, al mercado interno. Cerca del 40% de la producción total es elaborada por cinco establecimientos.

ESCALA. La producción de cerdos se encuentra fuertemente concentrada. Los establecimientos más grandes con 2.000 animales (los cuales representan el 11% del total de los establecimientos de
cría) participan con el 79% del total de la faena (unos 5 millones de cabezas). Estas plantas poseen 54% del stock de madres a nivel nacional (unas 192.000). El volumen total de establecimientos asciende a 5.178 unidades productivas.

Hay una importante presencia de pequeños productores en la etapa primaria e industriales que coexisten con establecimientos intensivos de mayor tamaño, tecnología moderna y mejores condiciones sanitarias, los cuales han integrado las etapas primarias e industriales. La mayoría de los productores porcinos argentinos (73% del total, unos 3.800) presentan sistemas productivos de muy baja escala: menos de 500 cabezas anuales enviadas a faena, lo que equivale a en promedio a 1,5 cabezas diarias. Estos sistemas de pequeña escala no permiten incorporar tecnología de punta y sistemas más eficientes en la faena, dificultan la estandarización de la calidad (la carne), tienen un mayor costo de negociación y elevada informalidad impositiva. Esto impide el desarrollo de una estrategia de exportación más agresiva.

LIMITANTES. Uno de los problemas que desalienta actualmente las nuevas inversiones en el sector tiene que ver con el Impuesto al Valor Agregado sobre las compras de activos fijos. Hasta la reforma tributaria (Ley 27430 BO: 29/12/2017), la venta de cerdos estaba gravada en IVA con una alícuota del 21%. Es decir, que una granja vendía cerdos y cobraba el 21% de IVA mientras que sus compras estaban gravadas parte al 10,5% y otra parte al 21% (expeller, núcleos proteicos, vacunas, etc.). Los sueldos del personal no están alcanzados por el impuesto. Dependiendo del resultado, la posición fiscal en IVA todos los meses era a favor del Fisco en cifras relativamente considerables.

Pero luego de la reforma tributaria, la alícuota de impuesto al valor agregado por la venta de cerdos bajó del 21% al 10,5% sobre las ventas netas, por lo que las granjas pasaron a tener posiciones fiscales en IVA sumamente equilibradas. El objetivo de esta medida apuntaba a bajar los precios de la carne en góndola y eliminar la informalidad. El problema para los productores aparece cuando se desea crecer, invertir y tener más madres en producción. La inversión estimada por madre se ubica entre U$S 8.000 y U$S 10.000 más la necesidad de disponer del inmueble rural en donde desarrollar las actividades. El IVA que se acumula al invertir es equivalente al 17%/ 18% sobre el monto invertido debido a la combinación entre compras nacionales (gravadas al 21%) y algunas importaciones de bienes de capital gravadas en IVA al 10,5%. Es decir, los productores deben aportar en concepto de Impuesto al Valor Agregado entre U$S 1.360 y U$S 1800 de IVA por cada madre que incorporen a sus planteles. Al no haber mensualmente una posición fiscal que permita recuperar el IVA pagado por las inversiones, los productores terminan tomado a este valor como costo, con su impacto negativo a nivel financiero.

Con la reforma tributaria del 2017 se puso en vigencia un régimen para devolver ese IVA que surge de las inversiones. Pero la condición que establece la normativa es que para que quede efectiva dicha devolución de IVA, la empresa deberá pagar – en los 60 meses subsiguientes a la devolución- un monto igual o mayor al del IVA restituido. Como se indicara anteriormente, luego de baja en la alícuota de IVA al 10,5% en la venta final de cerdos, la actividad no genera hoy pagos de IVA mensuales (posición a favor del fisco) para cumplir esta condición.

En consecuencia, la empresa podría verse obligada a restituir al fisco lo recibido en concepto de devolución de IVA sobre las inversiones más una tasa de interés del 3% mensual. Existen grupos empresarios que por esta problemática han paralizado sus proyectos de ampliación e incorporación de nuevas madres. Es un tema que demanda una urgente solución.

Por Julio Calzada, Federico Di Yenno y Carina Frattini para Super CAMPO.

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